Los recuerdos como accesorios en un Centro Comercial

el

Llegas al trabajo. Otro día para ser puntual: a diferencia de otros méritos, este sí que te pone tranquila, por lo que te ayuda a abandonarte al día. Caminas entre espejos, caminas a través de ellos: desde hace no mucho que no vives en el mundo sino tan solo en su reflejo. Pero tiene algo de él, ¿no?, tiene mucho de él. Es tu mundo, después de todo, y ello no puede sino indicar que tienes que aferrarte a él, porque, además, es lo único que puedes ver, oír, degustar, respirar, tocar, penetrar, sumergirse en él hasta que el agua se sitúe debajo de la piel.

           Caminas entre tiendas, caminas hacia los escaparates, todo se ve tan bonito…y mira, ¡mira esa chalina! Haría un excelente juego con tu suave cuello. Sin pensarlo, sin detenerte, casi por casualidad, distingues alguna sección olvidada de libros, allá por el fondo, y te produce una ligera sensación de malestar, pero no le concedes mucha importancia. No debes concederle mucha importancia. Prosigues con tus intenciones, estos pasadizos han sido formados para tus pies de la misma forma en que tus pies han sido formados para calzar estos zapatos y estos zapatos han sido formados para sostener la persona que eres hoy en día. Te acercas a otra tienda, otra vez, está tan llena de bonitos accesorios para escritorio, una explosión multicolor que puebla tus ojos, los llena de una agradable sensación que a la vez se confunde con la obligación de posserlo, ¿por qué no? Te dispones a comprar lo que te alcanza. Pagas y sales del establecimiento, mientras ya empiezas a suponer en qué parte de tu mesa se verán mucho mejor.

           Llegas al trabajo y saludas a tus compañeros. Un saludo cordial que se emite como billete del bus, un saludo cordial recibes como el chicle que compraste en la mañana. Desde hace tiempo que lo percibes, sospechas que las relaciones pueden llegar a ser naturales si tan solo persistes un poco más, aunque algunas noches te has preguntado, frente a alguna pantalla, si es que dicha persistencia tiene algo de natural. Pero no importa, porque al fin y al cabo, es el mundo en el que nos ha tocado vivir. A ti, a mí, al niño que corre tras un “juguete”, a quien te ha mostrado algunos accesorios hace un momento, a ese muchacho alto y apuesto que siempre ves a escondidas. “Nuestro mundo nunca es como quisiéramos que fuese –piensas–, pero eso no significa que sea invivible: hay que aprender a adaptarse”. No te repites ello con alegría pero tampoco con resignación, tan solo lo recuerdas algunas veces, sobre todo en estos días nublados, porque te ayuda inconscientemente a vivir.

            Es la hora del refrigerio. Sales a caminar, piensas en el dinero que obtendrás y los posibles viajes que efectúes, en algún futuro: serán maravillosos, los edificios antiguos, las fotografías, los paisajes… Pero también piensas en la soledad, y más que pensarla la sientes, en las noches, en tus sábanas, en tu dulce cuello, otra vez, que lo confortable no se equipara jamás con la comprensión. Ha pasado algún tiempo, mucho si es que tienes una capacidad de olvido lo suficientemente fuerte como para que te permita vivir el presente, desde que decidiste apagar aquel cigarrillo que se fumaba a sí mismo, y fue lo mejor, para ambos, para tus pulmones y para el aire, para la salud antes que para la costumbre. Porque así como hubo hábitos, así como también hubo un tiempo asesino y criminal, también hubo días en los cuales la realidad y sus manos atravesaron todas las capas que los años habían puesto sobre ti. Pero de eso ya ha pasado algún tiempo.

             Pero de ello no hay más que vagos recuerdos, que tan solo deambulan y saltan entre las gotas de alguna sobria llovizna, como la que ayer mojó todas las veredas y casi provocan una caída tuya. Habría sido un completo desastre a juzgar por ese hermoso vestido que llevas puesto, no te lo habrías perdonado nunca haberlo arruinado de ese modo. Pero la realidad no entiende de vestidos así como los recuerdos no entienden de voluntades. Solo suceden y ya. Si tan solo estuviésemos prevenidos ante esa masa viscosa que perturba toda tonalidad, todo color frente a los ojos, incluso cuando te observas en los espejos, sobre todo cuando te propones ser ese reflejo que los demás esperan de ti.

             Caminas entre escritorios, caminas entre personas, caminas entre amigos, caminas entre luces que se apagan, entre corazones que se encienden, caminas frente al mar, caminas hacia tu acogedor hogar, caminas entre los objetos de consumo, caminas atada a una soga tan delgada como la fuerza para resistir un día más. En el fondo, no soportas tanta hipocresía, en el fondo también quisieras dejarte caer algunas veces. El otro día observabas a un tipo, con el pelo desordenado, con las ropas teñidas de desesperación y descuidado, con los ojos fuera de sí. La tentación de ser él por un día apareció, si tan solo fueses libre un solo día: libre de los saludos cordiales, libre de los accesorios –porque, ya sabes, a veces sientes que tú también eres uno–, libre del pasado. Ojalá pudiésemos elegir nuestras vivencias de la misma forma en que compramos lápices y borradores.

              Apago el cigarrillo. Arrojo el envase de gaseosa en el basurero más cercano. Estás ya frente a los espejos, detrás de las ventanas. Me alegro de que nunca hayas notado mi presencia.

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. KM dice:

    Hola. Cálida voz descriptiva. Casi como que la amaras, casi como que hablases de vos mismx. Cuantos nos gusta sustraernos de la matrix, somos los mismos cobardes de siempre especulando alguna que otra palabrita. Nos escondemos por eso no nos ven. Esta en nuestros genes… Esconderse para sobrevivir.
    Te mando un fuerte abrazo. Y mil gracias por la apuesta al placer de no esconderse y aprender.

    Le gusta a 1 persona

    1. steresis dice:

      Muchas gracias a ti por tus muy sugerentes palabras. Abrazos, también.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s