La filosofía como deseo que se desea a sí mismo

el

En el origen de la filosofía encontramos, según la tradición platónica expuesta en El Banquete, el deseo. Este, a su vez, se produce por una carencia. Lo que falta hace posible que se desee. En el caso de la filosofía,  falta la sabiduría -accesible solo para los dioses-, por lo cual, los humanos solo pueden ser amantes, renunciando así a la posesión completa de su objeto amado. Sin embargo, como claramente puede verse, no hay un cese o satisfacción del deseo.

                Que la filosofía se encuentre estructurada por el deseo puede verse claramente en el lenguaje. Que aprendamos tanta historia de la filosofía y tecnicismos, que nos instauremos dentro de una tradición o movimiento filosófico, no hace más que revelar que, para soportar nuestro deseo, lo convertimos en palabra, lenguaje instaurado por la Academia y la tradición.

               En este plano del lenguaje podemos encontrar, revisando la historia, dos opciones: por un lado, los que se satisfacen merodeando en la interpretación de textos y autores; por otro, los que intentan lacerar el lenguaje canónico. Este último camino ha sido elegido por los genios: ir más allá del lenguaje de la época, instaurando uno propio, ya sea mediante la resignificación de viejas categorías o la invención de nuevas.

             No obstante, esta última vía se nos revela como un camino sin retorno, porque lo que impulsa ello es, volviendo nuevamente a Platón, la satisfacción de un deseo que anhela lo imposible: es más, ese “imposible”, la sabiduría divina, se revela como inexistente, inalcanzable, para nuestra comprensión. Está vacía de palabras. Como consuelo nos quedaría, acaso, la experiencia artística.

               De ser esto así, desear lo inalcanzable abre dos caminos: frustración, que hace de los filósofos aquellos seres grises y sin esperanza, o ideología, que llena ese espacio vacío de lo inalcanzable con la propia verdad subjetiva (del cual el siglo XX es un claro ejemplo).  A pesar de esto, Kant mostró para siempre la paradoja de la razón, que, por su propia naturaleza, se dirige hacia aquello que no puede alcanzar, colocando en una tensión aparentemente insuperable la condición del filósofo.

                 Sin embargo, a todo ello se podría rastrear una vía de salida llenando la ausencia dejada por la sabiduría con el deseo mismo. En otras palabras, el deseo vuelto sobre sí, cuya satisfacción es la de seguir deseando, o, para usar otra figura: el filósofo que ama amar. En este sentido, el acto filosófico puro no es el que deviene respuesta, porque el deseo nunca será satisfecho, sino la formulación de la pregunta, la aparición de la interrogante, que encuentra su lugar en la vida y sus experiencias. Gozar del deseo, gozar la filosofía, es situarnos en la facticidad incontrolable, en el devenir inaprehensible del mundo (con sus injusticias, con sus alegrías, con sus pérdidas).

 

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. muy buena introducción / explicación acerca de lo que es la Filosofía!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s