Ensayo de fenomenología cotidiana del miedo

Lo único que no puedo disimular es el miedo. Una de las sensaciones más sinceras que se puede llegar a sentir, incluso más que el amor. El miedo no respeta nada, ni tu condición social, ni el nivel de intelectualidad que poseas, ni tus bienes, ni tu color de piel. Se interna por debajo de la piel y se siente como si estuviera por debajo del corazón. Todo el cuerpo tiende a comprimirse y los vellos se erizan. Dicen que el miedo es un equipamiento complejo de todo ser viviente para que pueda subsistir al entorno, que se activa ante la presencia de peligro y que prepara a nuestro organismo ante cualquier próxima reacción que pueda acontecer ¿Qué sucede si no hay peligro, pero hay temor? En muchas ocasiones caemos en un estado de alteración sin razón alguna, nuestro cráneo se encoje y los pulmones se estrechan. La luz, la única belleza. Quizá no sea el peligro lo único que perturbe nuestro estado de reposo, sino también la sensación de inestabilidad. Carecer del poder de ejercer control sobre todo lo que nos rodea y aún así engañarnos pensando que podemos manipular ciertas situaciones y objetos ¿Comprenden? El miedo es sincero y no miente. No puedes camuflar el miedo, la herida punzante que comprende todo el universo. Todo acontece por un temor intrínseco a la esencia de lo existente. Miedo a desaparecer, miedo a morir, miedo a lo desconocido, miedo a lo que creemos conocer, miedo al aburrimiento. Nos mueve esa pequeña totalidad. El miedo no miente, es la sensación más pura que puede existir.

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