Horizonte

No pretendo que la sola realidad de mar y niebla, fundiéndose en un mundo sagrado desde la mirada, retrotrayendo la lejanía de lo más propio al presente eterno, sea a mi abismo lo que ella conforma. No es mi intención, digo, que signifiquen las mareas omnipresentes la cotidianidad de la desazón que me encarna, la fatalidad que me sustrae de mí mismo, la adversidad de mi ser tal cual soy, de mi yo con todos mis demás.

Ahora bien, lo que hago, a pesar de esto, no es un llamado a una perspectiva redentora, a la posibilidad de volver sobre mí para ser otro cualquiera; no quiero afirmar el liberarme de mis ataduras porque ello no sería más que un vacío consuelo, una mentira romántica. Lo que digo, solamente, es que estoy condenado, y que la Vida, en los golpes del mar, es un diálogo con el viento.

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