Testimonios de algún huérfano que ya se cansó de roer cartón

Mira el cenicero vacío, la ingrata vida me ha demostrado que amar es un delito trágico, fatídico, precario. Las esquinas están plagadas de bohemios, mi más sentido pésame a las personas que se encuentran infectadas de alcohol cuando yo necesito comer. La gente pasa y sucede como escenas de películas. La indiferencia es lo que uno más consigue, ni un pedazo de pan, ni una migaja de olvido, ni un fragmento de misericordia. He muerto en vida, madre. Sé que estarás en algún lugar tratando de arrancarme de tu corazón y enterrar el dolor de tu parto. Madre ¿Me escuchas? Me he visto en aprietos el día de hoy porque le robé una manzana a un vendedor. Me agarró a palos y luego me escupió como si de una rata se tratase. No suelo recurrir al hurto, pero no tengo otra manera de sobrevivir a mi propia voluntad. Estoy sediento, tengo tantas ansias de probar un poco de vida, consumir alguna esperanza radiante que me pueda dar asilo en estos meses tan fríos. No hay mirada que dure más de la mitad de un segundo. Al menos sé que soy el ejemplo para que algunos niños sigan estudiando. En algo soy modelo.


Hoy he vuelto a robar. He hallado mi redención, madre. El cartón ya no sacia el hambre. La vida ya no cumple mis expectativas. ¿Qué es lo que hago en este mundo, madre? No, no me estoy haciendo la víctima. Soy el culpable directo de todo lo que está sucediendo, mas esa pregunta aborda mi mente cada vez que siento que estoy desperdiciando algo valioso y no sé lo que es ¿Hay algo más afuera? ¿Dónde se halla ese lugar atemporal que espera mi llegada? Aquí hay demasiado tiempo, y yo lo que necesito es comida. Te regalo mis horas, si me das algo para ingerir. He aguantado tanto dolor, lo suficiente como para asesinar a mil hombres ¿Conoces el hambre? ¿La melancolía? ¿La soledad? Soy un nómada en la ciudad que me parió de golpe, no sangró, no gimió, no dio muestra de afecto, solo me parió. En realidad, más que un nacimiento, se asemeja mucho a un aborto tardío. Pero qué más da, aquí estoy madre y sé que soy más fuerte que todas las lágrimas que has llorado y que no hay persona pudiente que atente contra mí porque he conocido que la riqueza te da comodidad, mas no te da agallas.

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